La administración estadounidense anunció unilateralmente la creación de un supuest “Consejo de Paz” para Gaza, liderada por el presidente Trump, en una declaración que omitía por completo cualquier mención al pueblo palestino. Este consejo está repleto de políticos y multimillonarios proisraelíes y designa a un exenviado de la ONU, partidario de Israel y controlado por el régimen despótico de los Emiratos Árabes Unidos, como virrey colonial de la Franja de Gaza, ocupada ilegalmente, para supervisar a un comité palestino “tecnocrático”. El Comité Nacional Palestino de BDS, la mayor coalición de la sociedad civil palestina que lidera el movimiento BDS a nivel global, condena y rechaza este intento apenas velado de normalizar el genocidio que está llevando a cabo Israel, rehabilitar su régimen genocida y rescatarlo de su aislamiento global. El pueblo palestino indígena nunca renunciará a sus derechos inalienables.
Las ambiciones del autoproclamado emperador estadounidense van mucho más allá de Gaza, como lo evidencian su ataque contra Venezuela y su intento permanente de apropiarse de sus riquezas, así como sus avanzados planes para ocupar Groenlandia. Su deseo, según se informó, sustituir gradualmente a la ONU por su “Consejo de Paz” para “mediar” en los conflictos mundiales e imponer políticas a naciones más débiles demuestra, más allá de toda especulación, que el manual estadounidense-israelí aplicado en Gaza pretende implementarse a escala global. Estas y otras transgresiones siguen una estrategia eficaz de “conmoción y pavor”, pero, por debajo de la superficie, todas indican el inicio del fin del sistema internacional dominado por Estados Unidos.
Tal como advirtió la sociedad civil palestina desde el comienzo frente al genocidio transmitido en vivo por Israel, y como lo expresó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, “Gaza es solo el primer experimento para considerarnos a todos y todas desechables”. La “Doctrina Donroe” de Trump, que arrasa con el derecho internacional, no habría sido posible sin el “experimento” de Gaza, porque “en un mundo donde ni siquiera el genocidio es una línea roja, no existen líneas rojas”, como dijo el ex alto funcionario de derechos humanos de la ONU Craig Mokhiber. El genocidio de Israel, armado y habilitado por Estados Unidos y otras potencias occidentales, está normalizando esta era regida por la ley del más fuerte, con formas de violencia colonial extrema. Cualquier Estado, incluso entre las cada vez más patéticas potencias coloniales de Europa, que creyó estar a salvo debe volver a pensarlo.
La afirmación, típicamente coreografiada y a esta altura ridícula, del gobierno fascista de Israel de que el “Consejo de Paz” de Trump no fue coordinado con él no convence a nadie. Este Consejo forma parte del plan genocida de Netanyahu-Trump para que una coalición supuestamente “internacional” controle Gaza en nombre del régimen israelí, que, pese a sus crímenes indescriptibles, finalmente no logró doblegar al pueblo palestino ni forzarnos a renunciar a nuestros derechos. El plan consiste en otorgarle a Israel respaldo internacional para sostener una forma de genocidio menos visible y menos intensa, con asesinatos continuos y con la negación sistemática de alimentos adecuados, agua potable, vivienda, servicios de salud, entre otros. El objetivo último de Israel desde la Nakba de 1948, después de todo, siempre fue la limpieza étnica del mayor número posible de palestinos y palestinas. Por lo tanto, todo Estado o individuo que participe en este “Consejo de Paz” debe rendir cuentas por su complicidad en genocidio, apartheid y ocupación ilegal.
Reiteramos lo que dijimos cuando este plan se anunció por primera vez en octubre de 2025:
“Los derechos inalienables del pueblo palestino indígena son inherentes y están establecidos en el derecho internacional. No pueden ser extinguidos, arrebatados ni redefinidos por ningún genocida enloquecido buscado por la Corte Penal Internacional (CPI), por ningún autoproclamado emperador que, en un mundo más justo, debería ser juzgado por la CPI, ni por ningún déspota regional o régimen autoritario. Desmantelar el régimen israelí de colonialismo de asentamientos, apartheid y ocupación militar ilegal es una condición necesaria para que como pueblo palestino podamos ejercer nuestros derechos, incluido el de autodeterminación y el derecho de las personas refugiadas palestinas a regresar a sus hogares y recibir reparaciones”.
Construir una ola global de resistencia frente a los designios imperiales de Estados Unidos es hoy una necesidad existencial para la humanidad, para salvarnos a todos y todas del abismo de la anarquía total, del sufrimiento inmenso y, posiblemente, de una guerra nuclear. Esto requiere una movilización masiva e interseccional de movimientos de base y de la sociedad civil en todo el mundo, con el objetivo de presionar a los Estados a resistir de manera significativa este orden regido por la ley del más fuerte. Pero a esta altura todas y todos deben comprender que la fase actual del imperialismo estadounidense —sin precedentes en su abandono total de cualquier pretensión de derechos humanos, democracia o paz— se construye sobre doctrinas y mecanismos probados primero sobre el pueblo palestino, y se ve envalentonada por el “experimento” genocida de Israel en Gaza y por la “impunidad total” con la que lo ha perpetrado. Para detener al imperio, primero hay que detener a Israel y exigirle una rendición de cuentas real.
La mayoría global necesita imponer líneas rojas al eje genocida estadounidense-israelí como un paso necesario para poder defender el orden del derecho internacional en todas partes. Esto implica poner fin al genocidio de Israel e imponer sanciones legales serias para ayudar a desmantelar las causas profundas del genocidio: el régimen israelí de apartheid y ocupación ilegal que lleva décadas. En particular, coaliciones de Estados con mandato para combatir el colonialismo y representar a naciones que padecen las políticas del eje estadounidense-israelí —como el Movimiento de Países No Alineados, la Organización de Cooperación Islámica, la Unión Africana, el Grupo de La Haya, entre otras— necesitan unir fuerzas y actuar ahora.
Con este objetivo, el movimiento BDS llama a ejercer presión sobre todos los Estados para que:
Afirmen la primacía y la aplicabilidad universal del derecho internacional: Defiendan los derechos a la soberanía y a la autodeterminación adoptando una postura decidida contra la agresión y contra todos los crímenes y criminales internacionales. Esto exige volver a trazar líneas rojas, poner fin al “experimento de Gaza” y dar el ejemplo al exigir responsabilidades a Estados y regímenes fuera de la ley que cometan agresión abierta, genocidio o apartheid en cualquier lugar.
- Esto debe comenzar cortando los vínculos militares, económicos, comerciales, diplomáticos y académicos con la Israel del apartheid, como han reclamado ya numerosos expertos y expertas en derechos humanos de la ONU, ya que Israel es el régimen más ilegal del mundo. Desde su creación, violó la Carta de la ONU y más resoluciones de la ONU que cualquier otro Estado, mató a más personal de la ONU y destruyó más instalaciones de la ONU (incluida, más recientemente, la sede de la UNRWA en Jerusalén ocupada) que cualquier otro Estado en la historia, hizo trizas literalmente la Carta de la ONU y lidera la demolición sistemática —¡su área de especialización!— del derecho internacional.
- Rechacen los “consejos de paz” de Trump, protejan y reformen la ONU y sus instituciones: Activen de inmediato los mecanismos de la ONU para enfrentar la era de la ley del más fuerte y descolonizar la ONU para que sea más representativa de la mayoría global y menos dependiente —o vulnerable a la coerción— de regímenes profundamente implicados en el colonialismo, el neocolonialismo, la agresión y los crímenes atroces.
- Afirmen el derecho de las naciones a las reparaciones por el flagelo del colonialismo (incluida la esclavitud): Es necesaria una evaluación justa y precisa del alcance de las reparaciones para poder cancelar deudas nacionales como forma de pago parcial, cuando corresponda, y para que las potencias coloniales pasadas y presentes paguen el precio necesario para la reconstrucción y para un desarrollo real y soberano en Palestina y en todo el sur global.
Llamamos a intensificar todas las formas de presión del BDS y a conformar las coaliciones interseccionales más amplias posibles para sostener lo anterior. Salvar a la humanidad, obviamente, no es una tarea exclusiva del pueblo palestino. Pero, como señaló el jurista sudafricano John Dugard, “Palestina se ha convertido en la prueba de fuego de los derechos humanos”. Por eso hacemos sonar la alarma: exijan que Israel rinda cuentas para frenar al imperio estadounidense y avanzar hacia la justicia y la paz para todos y todas, o la humanidad en su conjunto lo perderá todo.