Hoy marcamos un hito en la lucha por la liberación del pueblo palestino indígena, al cumplirse 20 años de organización de base y construcción de poder popular interseccional del movimiento BDS, no violento y antirracista, liderado por el pueblo palestino. Este día quedará en la historia como el inicio de un proceso de principios, estratégico y creativo que ha logrado aislar al régimen israelí de colonialismo de asentamientos, apartheid y ocupación militar vigente desde hace 77 años tanto a nivel de las bases como a nivel institucional. Ha redefinido el sentido de la solidaridad con nuestra lucha, ubicando como punto de partida el fin de la complicidad de Estados, corporaciones e instituciones con este régimen.
La solidaridad significativa, como ha sostenido incansablemente el movimiento BDS, debe sostener el principio ético fundamental de no causar daño y de frenar o reparar el daño causado.
Sin embargo, en medio del genocidio transmitido en vivo que Israel comete contra 2,3 millones de palestinos y palestinas en la Franja de Gaza ocupada y asediada, el dolor y la indignación que nos atraviesan son demasiado profundos como para celebrar el enorme impacto que ha tenido el BDS. Pero le debemos a cada palestino y palestina, especialmente a nuestro pueblo en Gaza, reafirmar nuestro compromiso inquebrantable de seguir adelante hasta que el régimen de opresión de Israel sea completamente desmantelado. Esto nos obliga a reconocer y compartir con el mundo el inmenso poder popular que hemos construido colectivamente a lo largo de estas dos décadas y los muchos hitos alcanzados para aislar al Israel genocida como un Estado paria que amenaza a la humanidad en su conjunto.
Construyendo poder desde las bases hacia arriba, el movimiento BDS ha generado un nivel de coordinación y presión solidaria global sin precedentes para poner fin a la impunidad de Israel y a la complicidad internacional con sus crímenes. A pesar de la dolorosa fragmentación de nuestro pueblo, resultado de las distintas fases de conquista colonialista y del destructivo proceso de Oslo, nuestro movimiento ha estado liderado por la mayor coalición palestina de la historia, con entidades que representan a la inmensa mayoría del pueblo palestino dentro de la Palestina histórica y en el exilio, y ha mantenido el consenso sobre sus objetivos y estrategias.
Con la autoridad moral que le otorga ese consenso, el movimiento BDS ha influido en decisiones estatales de imponer sanciones selectivas a Israel. Ha cumplido un rol indispensable al presionar a algunos de los fondos de inversión más grandes del mundo para que se desinviertan de empresas y bancos que facilitan los crímenes atroces de Israel. Ha impulsado el poder colectivo de sindicatos, asociaciones y otras organizaciones de base que representan a decenas de millones de personas trabajadoras, campesinas, estudiantes, artistas, académicas y organizadoras por la justicia para hacer que gobiernos locales, así como instituciones académicas y culturales del colonialismo occidental, desinviertan o rompan vínculos con el apartheid y las instituciones cómplices. Además, “el BDS… ha cambiado el panorama comercial global de Israel”, como admitió recientemente un alto funcionario del comercio israelí.
Al conmemorar los 20 años del BDS, reflexionamos sobre los logros más trascendentes del movimiento, en parte para descolonizar nuestras mentes del sentimiento de impotencia y desesperanza que Israel y sus socios hegemónicos en Occidente han intentado grabar persistentemente en nuestra conciencia colectiva. También mostramos al mundo lo que el pueblo palestino y las millones de personas organizadoras, defensoras y activistas solidarias en todo el mundo han logrado en el camino hacia la liberación palestina y el desmantelamiento del régimen genocida de Israel.
La lucha de liberación anticolonial del pueblo palestino siempre ha estado entrelazada con las luchas globales por la liberación. Retomando esa historia y con raíces en más de un siglo de resistencia popular palestina, el movimiento BDS ha cultivado vínculos interseccionales profundos entre nuestra lucha y las luchas por la justicia racial, económica, social, climática y de género en todo el mundo. La resistencia y la resiliencia legendarias (sumud) de nuestro pueblo —especialmente en Gaza, pero también en Jerusalén, Jenin, Akka, Haifa y en los campamentos de personas refugiadas en toda la Palestina histórica y en el exilio— alimentan nuestra esperanza y determinación inquebrantable. El BDS se inspira en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica y en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, entre otros. A su vez, nuestro movimiento inspira a muchas luchas globales, en particular aquellas que enfrentan a corporaciones criminales.
Lo que hace aún más impresionante el impacto del movimiento BDS y de sus organizaciones aliadas en todo el mundo es el hecho de que durante estos 20 años ha enfrentado no solo a Israel —una potencia nuclear con vastos recursos propagandísticos, financieros, de inteligencia y de guerra jurídica— que desde 2014 combate al BDS como una “amenaza estratégica” para la totalidad de su sistema colonial de asentamientos. También ha enfrentado a la red dominante de Estados occidentales (principalmente Estados Unidos, Reino Unido y Alemania), que sostienen el apartheid y el genocidio israelí en los planos militar, diplomático, financiero, económico, académico, tecnológico y mediático. Esta complicidad occidental absoluta le ha garantizado a Israel total impunidad, lo ha blindado frente a sanciones y mecanismos de rendición de cuentas, y lo ha envalentonado para lanzar guerras de agresión brutales y abiertamente criminales contra los pueblos de Líbano, Siria, Yemen e Irán.
La experimentación de Israel con aplicaciones militares de inteligencia artificial, así como con tecnologías de vigilancia masiva y de “control”, con armas de espionaje, técnicas de manipulación electoral y doctrinas de securitización y militarización —adoptadas por muchos Estados y sus agencias de “seguridad” en todo el mundo— ha potenciado a regímenes despóticos y facilitado la represión, la opresión y la demolición implacable de los derechos humanos, tal como lo hemos demostrado de forma constante.
El movimiento BDS ha sostenido de manera constante que, al tiempo que extermina a decenas de miles de vidas palestinas en Gaza y destruye una civilización de 4.000 años, Israel ha instaurado un orden basado en la ley del más fuerte, como no se había visto en décadas, sepultando en el camino los fundamentos del derecho internacional. Hoy, la inmensa mayoría de las organizaciones internacionales de derechos humanos, expertas y expertos de la ONU, académicas y académicos, y movimientos por la justicia coinciden con este análisis. También respaldan —como afirma el reciente informe de la Relatora Especial de la ONU Francesca Albanese— nuestra estrategia de aislar a Israel exigiendo rendición de cuentas de acuerdo con el derecho internacional y poniendo fin a la complicidad. Tras el histórico fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que declaró culpable a Israel de apartheid contra el pueblo palestino y calificó de ilegal su ocupación militar del territorio palestino, el ex alto funcionario de derechos humanos de la ONU Craig Mokhiber afirmó que este fallo convierte al BDS “no solo en un imperativo moral y un derecho constitucional y humano, sino también en una obligación jurídica internacional”.
En el 20º aniversario del movimiento BDS, tenemos mucho para compartir, pero vamos a destacar solo 20 de los logros más inspiradores que el movimiento ha alcanzado —o a los que ha contribuido— en coalición y con la participación activa de nuestras valiosas organizaciones aliadas en todo el mundo.
- Proteger el consenso palestino sobre nuestros derechos fundamentales e inalienables, especialmente el derecho de millones de personas refugiadas palestinas, desplazadas por la fuerza de su tierra, a regresar y recibir reparaciones, así como el papel esencial que cumple la solidaridad internacional estratégica en nuestra lucha por la liberación.
- Iniciar y hacer prevalecer el análisis de Israel como un régimen que combina colonialismo de asentamientos, apartheid y ocupación militar contra todo el pueblo palestino indígena; avanzar en la interpretación del derecho internacional en relación con las luchas por la justicia y la liberación; y ser el primer movimiento significativo en analizar el ataque de Israel contra Gaza en octubre de 2023 como un genocidio, según la definición del derecho internacional.
- Redefinir la solidaridad significativa con la lucha por la liberación palestina como aquella que comienza por no causar daño, poner fin a la complicidad con el régimen colonial de Israel como una obligación ética y legal —no como un acto de caridad—, y lograr un amplio reconocimiento legal del derecho a defender los derechos del pueblo palestino a través de las campañas de BDS, a pesar de los persistentes y aceitados intentos de guerra jurídica de Israel y sus cómplices en Occidente por silenciar nuestro movimiento.
- Construir una vibrante red global contra el apartheid, liderada por el pueblo palestino, con presencia en unos 120 países, que coordina de manera eficaz la labor de incidencia tanto a nivel político como en los ámbitos corporativo e institucional. El BDS se ha convertido en uno de los puntos de referencia del siglo XXI para los movimientos por la justicia social, los sindicatos, las asociaciones académicas, las organizaciones jurídicas, las iglesias, las instituciones culturales y los grupos de base de todo el mundo.
- Liderar las luchas contra la normalización en la región árabe y enfrentar de manera efectiva las tácticas constantes de soborno, intimidación, acoso y represión utilizadas por el apartheid israelí, con el amplio respaldo de sus socios en el Occidente colonial y de las dictaduras árabes, para imponerse como una presencia “normal” y “bienvenida” en la región. BDS Jordania, por ejemplo, lideró con éxito una campaña de presión para que el gobierno cancelara el controvertido acuerdo de “electricidad por agua” con Israel. Otro ejemplo es el logro del movimiento BDS en problematizar y reducir drásticamente la asistencia a la Expo Dubái, que enfrentó una fuerte presión y condena árabe e internacional por la alianza militar de la dictadura de los Emiratos Árabes Unidos con Israel, sus crímenes de guerra contra el pueblo yemení y sus violaciones a los derechos humanos, en particular contra las personas trabajadoras migrantes.
- Construir apoyos de alto nivel para el cambio de políticas, incluida la creación de la Respuesta del Sur Global en 2020, respaldada por expresidentes, parlamentarios y parlamentarias destacadas, líderes y lideresas sindicales y de movimientos sociales, entre otros, que adoptaron el análisis de Israel como un Estado de apartheid y reclamaron la imposición de sanciones legales en su contra.
- Participar en la adopción de sanciones contra Israel por parte de la Asamblea General de la ONU en 2024, por primera vez en 42 años; en la adopción por parte de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos de su primera resolución sobre Palestina en 24 años, que insta a los Estados africanos a poner fin a su complicidad con el apartheid israelí y actuar para detener el genocidio; así como en las decisiones de decenas de Estados —en su mayoría del Sur Global— a imponer sanciones específicas (incluidos recortes en relaciones diplomáticas, comerciales, militares u otros vínculos con Israel; y otros que prohibieron la entrada de barcos con destino a Israel o les negaron el acceso a sus puertos si transportaban carga militar a Israel).
- Lograr la incorporación del embargo militar a Israel en la agenda global, con 52 Estados que ya lo respaldan oficialmente; lograr que la campaña Bloquear los Barcos gane gran impulso en la prevención del traslado de armas a Israel, gracias al trabajo valiente y comprometido de sindicatos de transporte y portuarios, y de movimientos de base en Francia, Marruecos, Estado español, Italia, California, Grecia, Turquía, Sudáfrica, entre otros; iniciar acciones directas contra empresas militares israelíes en varios países, como el bloqueo a una fábrica de Elbit Systems en Brasil en 2014, una “ocupación” pacífica de otra fábrica de Elbit en Reino Unido ese mismo año, interrupciones de ferias de armamento, entre otras.
- Impulsar campañas exitosas de presión para que algunos de los mayores fondos soberanos del mundo desinviertan en empresas y bancos implicados en los crímenes de Israel, comenzando por la desinversión del fondo soberano de Noruega en Elbit Systems en 2009, hasta llegar a su reciente desinversión en Israel Bonds y otras compañías cómplices, pasando por decisiones similares tomadas por fondos de inversión de Países Bajos, Luxemburgo y Nueva Zelanda.
- Exponer cada vez más a Israel como una #NaciónEnColapso (#ShutDownNation); presionar a inversionistas para que se vayan; se ha logrado que empresas cómplices paguen un alto precio en su reputación y/o en pérdidas económicas; y se ha obtenido el valioso reconocimiento de que “el BDS y los boicots han cambiado el panorama comercial global de Israel”, según admitió el presidente del Instituto de Exportación de Israel.
- Varias multinacionales se han retirado de sus negocios ilegales con Israel, entre ellas Veolia, Orange, G4S, PUMA, General Mills, CRH, AXA, etc.; grandes empresas tecnológicas se han visto obligadas a cancelar inversiones millonarias en Israel, como el caso de Intel, que canceló su proyecto de 25 mil millones de dólares cerca de Gaza; y grandes corporaciones como McDonald’s, Coca-Cola, Microsoft y Carrefour, entre otras, ya están sintiendo la presión del BDS y sus pérdidas financieras. Grandes cadenas de supermercados cooperativos en el Reino Unido e Italia han adoptado medidas de BDS.
- Sindicatos: El movimiento ha logrado movilizar el apoyo de importantes centrales sindicales internacionales y nacionales en favor del BDS y para presionar a los gobiernos a imponer sanciones legales, como: IndustriALL, LO (Noruega), TUC (Reino Unido), COSATU y NUMSA (Sudáfrica), CUT (Brasil), CUT (Colombia), el sindicato de agricultores All India Kisan Sabha y sindicatos de la India y Nepal que se oponen a la "exportación" de personas trabajadoras a Israel para reemplazar a palestinos y palestinas. En Estados Unidos, United Electrical (UE) fue el primer gran sindicato en respaldar el BDS en 2015. Diez años después, lidera una coalición de siete grandes sindicatos nacionales y cientos de sindicatos locales, que representan a millones de personas trabajadoras y exigen el fin del financiamiento militar a Israel. La NEA, parte de esta coalición y el sindicato más grande de EE. UU. con 3 millones de miembros, se comprometió recientemente a romper relaciones con la ADL, un grupo de lobby israelí racista y anti-palestino.
- Decenas de miles de figuras culturales —escritoras, músicos, cineastas, artistas visuales— y un número creciente de organizaciones artísticas, sindicatos y asociaciones han apoyado públicamente el boicot cultural a Israel, anunciando su negativa a colaborar con el apartheid israelí o con eventos e instituciones cómplices, amplificando nuestros derechos y el alcance de nuestro movimiento popular global en los espacios dominantes. Bajo la presión de artistas y personas defensoras de derechos humanos, muchos festivales importantes de música, literatura y arte en todo el mundo han roto vínculos con patrocinadores corporativos cómplices de los crímenes israelíes o han terminado sus relaciones con Israel, sus grupos de lobby o instituciones cómplices. Festivales de cine israelíes cómplices han sido cancelados. Las instituciones que han censurado a artistas solidarios con Palestina han enfrentado amplios boicots.
- Universidades de todo el mundo, especialmente en Europa, América del Norte, América Latina y África, han roto vínculos académicos y/o financieros con Israel y sus instituciones cómplices; Israel ha perdido gran parte de su dominio en Horizon, el mayor programa de investigación del mundo; asociaciones académicas como la American Anthropological Association, Middle East Studies Association, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la American Studies Association han respaldado el boicot a instituciones israelíes cómplices. Recientemente, la Asociación Internacional de Sociología (ISA) suspendió a la Sociedad Israelí de Sociología, también cómplice.
- Deportes: La Confederación Asiática de Fútbol, con 47 miembros, apoyó el llamado palestino a excluir a Israel de la FIFA. Equipos como Argentina, Uruguay, y Barcelona cancelaron partidos amistosos o entrenamientos en Israel. Otros equipos, atletas, federaciones deportivas y autoridades locales se negaron a competir contra Israel, lo excluyeron de torneos o retiraron su apoyo ante su participación, como ocurrió con el seleccionado sub-19 de baloncesto de Jordania, la Unión de Rugby de Sudáfrica, el equipo femenino de hockey de Irán, y en competencias de surf, softball, and netball.
- Organización en campus universitarios: Estudiantes de todo el mundo, con el apoyo de docentes, personal y sindicatos de educación superior, han impulsado el boicot académico y el desfinanciamiento desde una lógica de radicalismo estratégico. Recuperando las tradiciones de lucha estudiantil contra el apartheid sudafricano en los años 80 o contra la guerra genocida en Vietnam en los 60, han logrado avances concretos en términos de desinversiones en universidades como Trinity College Dublin, King’s College, San Francisco State University, California State University Sacramento, entre muchas otras. Las políticas de inversión ética centradas en derechos humanos adoptadas en estas instituciones reflejan el carácter profundamente interseccional del movimiento BDS y sientan las bases para el desfinanciamiento de empresas armamentísticas o involucradas en violaciones graves de derechos humanos en Palestina y otros lugares.
- Comunidades de fe: El Consejo Mundial de Iglesias, que representa a más de 580 millones de cristianos y cristianas, denunció el régimen de apartheid de Israel y pidió sanciones. En América del Norte, los Presbiterianos de EE. UU. desinvirtieron en 2014 de empresas cómplices de la ocupación israelí; los Metodistas Unidos desinvirtieron de bancos israelíes y de G4S en 2016; la Iglesia Episcopal, la Iglesia Menonita de EE. UU., los Unitarios Universalistas y la Alianza de Bautistas también votaron a favor de desinvertir. La Iglesia Unida de Canadá se comprometió recientemente a adoptar estrategias BDS. Más de 500 organizaciones firmaron el compromiso, impulsado por el American Friends Service Committee, de constituirse en Espacios Libres de Apartheid, incluidos muchos lugares de culto y organizaciones de fe.
- Más de 4.000 artistas queer se comprometieron a no participar en eventos en Israel hasta que se garanticen los derechos del pueblo palestino. La Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), federación de 1.900 organizaciones LGBTQIA+ de 160 países y territorios, suspendió a la organización israelí Aguda, cómplice del régimen. Decenas de cineastas se retiraron del TLVFest, el festival de cine LGBTQ del gobierno israelí. Más de 300 cineastas se comprometieron a no participar en TLVFest. Cientos de grupos de todo el mundo organizaron el evento cinematográfico global Queer Cinema for Palestine. Organizadores de marchas del orgullo han rechazado el pinkwashing israelí y su complicidad con crímenes contra el pueblo palestino en Portugal, Japón, EE. UU. y el Reino Unido.
- La campaña liderada por el movimiento BDS para presionar a la ONU y a los Estados a que regulen la inteligencia artificial militarizada y las tecnologías de nube como de uso dual ha obtenido un apoyo crucial por parte de personas expertas en inteligencia artificial, derechos humanos y derecho internacional. El reciente reporte de la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, sobre la complicidad empresarial también ha subrayado la importancia de esta regulación del uso dual.
- Espacios Libres de Apartheid (ELAs): Cientos de espacios colectivos en todo el mundo se han declarado libres del apartheid israelí. Entre ellos hay cafés, granjas, teatros, centros comunitarios, bed and breakfasts, entre otros. A través de esta campaña, estamos haciendo de la solidaridad con Palestina un componente innegociable de la construcción de colectivos.
Esperamos que esta muestra de logros del movimiento BDS te convenza y convenza a todo el mundo de que podemos —y vamos a— vencer. Pero, para lograrlo, debemos intensificar la presión y perturbar pacíficamente todas las formas de complicidad para contribuir a poner fin al inenarrable genocidio que comete Israel y desmantelar su régimen colonial de apartheid y asentamientos. Solo entonces podremos disfrutar de libertad, justicia, igualdad y de lo que Desmond Tutu llamaba “nuestro menú completo de derechos”.