Declaración PACBI

Debatir sobre el BDS: sobre normalización y los boicots parciales

April 1, 2012

Dos de las cuestiones más relevantes que se plantean en el debate sobre Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), especialmente en los países occidentales, son (A) si los palestinos deberían o no trabajar con los israelíes en lugar de boicotearlos, y (B) si los partidarios del BDS deberían boicotear completamente a Israel o boicotear sólo a las empresas que participan en la ocupación israelí y en sus asentamientos coloniales. Esperamos que la explicación siguiente aclare ambas cuestiones.

Dos de las cuestiones más relevantes que se plantean en el debate sobre Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), especialmente en los países occidentales, son (A) si los palestinos deberían o no trabajar con los israelíes en lugar de boicotearlos, y (B) si los partidarios del BDS deberían boicotear completamente a Israel o boicotear sólo a las empresas que participan en la ocupación israelí y en sus asentamientos coloniales. Esperamos que la explicación siguiente aclare ambas cuestiones.

Co-resistencia versus Co-existencia

 La Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) ha fijado nítidamente desde hace años su posición sobre la normalización en un esfuerzo por sumar nuevos aliados y aclarar la cuestión de los intercambios palestinos e israelíes. Es importante señalar que la Campaña BDS cuenta con algunos respaldos israelíes que apoyan también todos nuestros derechos en el marco del derecho internacional, por ejemplo, la Coalición de Mujeres por la Paz y el Boicot, o Apoyo al Llamamiento Palestino del BDS desde el Interior [1]. Asimismo, el Llamamiento al BDS de 2005 [2], aprobado mayoritariamente por la sociedad civil palestina, deja constancia de una apelación explícita a los y las israelíes comprometidos para que se unan al movimiento por la libertad, la justicia y la igualdad de derechos para todos. Por lo tanto, lo que determina qué es normalización no es la mera colaboración con israelíes sino el contenido y la premisa de tal colaboración.

Normalización es la traducción al español de la palabra árabe tatbi' que significa hacer que algo anormal parezca normal. Como ya ha señalado la PACBI:

Resulta útil plantear la normalización como una «colonización del pensamiento» a través de la cual el sujeto oprimido acaba creyendo que la realidad del opresor es la única realidad «normal» que cabe aceptar, y que la opresión es un hecho más de la vida con el que hay que lidiar. Quienes participan en la normalización, o bien hacen oídos sordos a la opresión o bien la aceptan como el 'statu quo' con el que les toca vivir. En un intento de encubrir sus violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos, Israel pretende rediseñar su propia imagen de «marca» o mostrarse como normal —incluso «tolerante»— mediante una maraña de relaciones y actividades que abarcan ámbitos como el de la alta tecnología, la cultura, el derecho, el LGBT y otros. [3]

Otro aspecto de la normalización es que utiliza a palestinos y/o árabes para cubrir las vergüenzas de los israelíes [4]. En el contexto de la aplicación de las directrices de la Campaña BDS para el boicot académico y cultural internacional a Israel, la PACBI se enfrenta a veces a escenarios en los que quienes critican el boicot intentan redimir su conciencia y su moral utilizando simbólicamente a los palestinos (más raramente, a otros árabes) para ocultar la vergüenza de ser cómplices de las violaciones de la legalidad internacional y de los derechos palestinos que lleva a cabo Israel. Gracias a la extraordinaria difusión de la conciencia de BDS en Palestina y en el mundo árabe, cada vez son menos los palestinos y los árabes que se prestan a ello, aunque todavía hay quienes están dispuestos a aceptar que se manipulen sus nombres en las cínicas agendas políticas de los que violan el boicot internacional.

De lo anterior se desprende que la normalización se aplica a las relaciones que transmiten una imagen engañosa o falaz de normalidad, de simetría, de paridad, cuando en realidad son relaciones manifiestamente anormales y asimétricas de opresión colonial y apartheid [5].

Para que una relación palestino-israelí no sea una forma de normalización deben cumplirse dos condiciones esenciales: (1) la parte israelí debe apoyar íntegra y plenamente todos los derechos palestinos que emanan del derecho internacional, y (2) la propia relación debe implicar una forma de resistencia a la ocupación israelí y a las violaciones del derecho internacional. Los israelíes que apoyan nuestros derechos reconocidos en el derecho internacional y combaten junto a las y los palestinos contra el muro, contra los puestos de control y contra otras formas del apartheid son nuestros compañeros. Las relaciones con ellos no constituyen normalización. Sin embargo, iniciativas como las de “Semillas de Paz [6], “Una Voz” [7], y de organizaciones similares, son un claro ejemplo de normalización independientemente de lo que afirmen los implicados en sus proyectos. Pretenden presentar de forma engañosa que palestinos e israelíes estamos en pie de igualdad, y no se posicionan claramente a favor de que acabe el polifacético sistema de opresión israelí.

Como afirmaba un destacado activista juvenil palestino, la única relación normal entre quienes pertenecen a la comunidad dominante y quienes pertenecen a la comunidad dominada es la co-resistencia, no la co-existencia [8]. La co-existencia sólo puede darse (éticamente hablando) cuando se ponga fin a la dominación, cuando ambas partes puedan disfrutar de los mismos derechos.

¿Boicot parcial o total a Israel?

Como no han conseguido frenar la propagación del BDS, y por miedo a que el sionismo acabe por desaparecer, algunos auto-denominados sionistas de izquierdas con una agenda explícita para “salvar el apartheid israelí”, han intentado enturbiar las aguas proponiendo un boicot sionista amistoso que debilite la Campaña de BDS [9], en una iniciativa que está atrayendo a jóvenes activistas judíos occidentales, especialmente en los campus universitarios. El BDS es un movimiento fundado en derechos éticos respaldados por el derecho internacional y en los derechos humanos universales. Como tal, el BDS rechaza y no puede coexistir con ningún tipo de racismo, incluido el sionismo. Un “BDS sionista” carece de toda lógica al igual que no puede darse una “igualdad racista”.

El BDS no tiene que ver con salvar a Israel como Estado de apartheid ni con que renuncie a ciertos territorios ocupados densamente poblados por palestinos para que su apartheid sea más puro y pueda prolongarse por más tiempo. El objetivo del BDS es que se hagan realidad los derechos palestinos –entre ellos, el derecho inalienable a la autodeterminación– poniendo fin a las tres facetas que conforman el sistema de dominación colonial y racial de Israel: el colonialismo, la ocupación y el apartheid.

Por supuesto, la PACBI y el Comité Nacional de BDS (BNC) abogan por un boicot completo hasta que Israel ponga fin a este sistema de dominación y no simplemente a su ocupación de Cisjordania y Gaza. La razón principal de esta posición es que, según el derecho internacional, Israel, como potencia ocupante, es responsable de la ocupación y de todas sus manifestaciones (asentamientos, muros, asedios, demoliciones de viviendas, etc.), por no mencionar otras graves violaciones del derecho internacional fuera del ámbito de la ocupación, como el traslado forzado de población, la denegación de derechos a los refugiados y el delito de apartheid (del que cada vez más juristas consideran que Israel es culpable). La Campaña BDS llama a boicotear a Israel como Estado responsable de negar los derechos palestinos al igual que Sudáfrica fue objeto de boicot por su régimen de apartheid, al igual que China lo es de algunos boicots por su ocupación del Tíbet, o Sudán por sus crímenes en Darfur. Sólo en el caso de Israel se producen objeciones a boicotear a un Estado que es responsable de violaciones atroces del derecho internacional y solo a nosotros se nos sugiere boicotear únicamente algunas limitadas manifestaciones de estas violaciones (las colonias) y no su causa fundamental.

Sin embargo, el BDS es sensible a los diferentes contextos que puedan darse. Esto significa que los partidarios del BDS en cualquier contexto particular son quiénes deciden qué boicotear o en qué desinvertir; cómo promover sus objetivos locales, cómo construir alianzas y cómo hacer campaña dependiendo de sus propios contextos políticos, culturales y organizativos. Se puede decidir boicotear únicamente a las empresas implicadas en la ocupación israelí –y eso es perfectamente correcto si se hace tácticamente– sin que ello signifique rechazar por principio un boicot completo cuando las circunstancias lo permitan. Esta es la fuerza del BDS; no es un movimiento centralizado, dogmático o dirigido por mandos. Es un movimiento de derechos humanos moralmente consecuente, impulsado por la ciudadanía que tiene como denominador común los principios básicos de los derechos humanos y el derecho internacional, y mucha creatividad e iniciativa para aplicar formas diversas de BDS en cualquier contexto.

Depende únicamente de las y los partidarios del BDS, ya sean británicos, estadounidenses, alemanes u holandeses, hacer o no campaña a favor de un boicot selectivo; como se acaba de decir, creemos en las iniciativas locales que son sensibles al contexto en el que se llevan a cabo. Sin embargo, confiamos sinceramente en que respeten el derecho palestino a la autodeterminación y en que no intenten hablar en nuestro nombre cuando se trate de hacer valer nuestros derechos generales y nuestras estrategias de resistencia civil, pues esa sería una forma de condescendencia que no se corresponde con una relación de compañerismo en la lucha por una paz justa, la única paz posible que persiguen todas las comunidades oprimidas del mundo.

Al igual que en la lucha internacional contra el apartheid de Sudáfrica, aceptar la dirección de los representantes de los oprimidos –en este caso, la dirección palestina de la Campaña del BDS, el BNC– y respetar las directrices de boicot establecidas por la gran mayoría de la sociedad oprimida, constituye una obligación ética para cualquier persona o grupo que se solidarice genuinamente con los oprimidos. Entendido todo ello en el contexto de una Campaña global descentralizada, basada en el respeto a las tácticas de nuestros aliados y a la elección de sus objetivos, siempre y cuando se salvaguarden los principios generales de la Campaña.

Notas: 

[1] http://boycottisrael.info/

[2] http://www.bdsmovement.net/call

[3] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=1749

[4] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=1645

[5] http://www.russelltribunalonpalestine.com/en/wp-content/uploads/2011/09/RToP-Cape-Town-full-findings2.pdf

[6] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=1220

[7] http://www.pacbi.org/etemplate.php?id=1436

[8] http://www.maannews.net/eng/ViewDetails.aspx?ID=405314

[9] http://www.nytimes.com/2012/03/19/opinion/to-save-israel-boycott-the-settlements.html?_r=1&ref=opinion

[10] http://www.kairospalestine.ps/sites/default/Documents/English.pdf

[11] http://www.kairospalestine.ps/sites/default/Documents/The%20Bethlehem%20call.pdf

[12] http://www.oikoumene.org/en/news/news-management/eng/a/article//from-south-africa-to-pale.html

 
April 1, 2012
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