El 17 de noviembre de 2025, fecha en la que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución de Estados Unidos e Israel, pasará a la historia de la ONU como un día vergonzoso. “Ningún miembro del Consejo tuvo el valor, los principios o el respeto por el derecho internacional para votar en contra de esta atrocidad colonial de Estados Unidos e Israel”, dijo el ex alto funcionario de derechos humanos de la ONU Craig Mokhiber. Sin embargo, a nivel de las bases y de la sociedad civil, el apartheid israelí está más aislado que nunca en todo el mundo gracias a la significativa solidaridad de millones de personas, expresada principalmente a través del inspirador crecimiento del movimiento BDS y su impacto global.
El plan genocida de Trump y Netanyahu para Gaza, ahora respaldado parcialmente por esta resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, está diseñado para romper el aislamiento de Israel y restaurar su régimen de apartheid y genocidio, principalmente a través de la normalización de las relaciones con los Estados de mayoría árabe y musulmana, algunos de los cuales, según se informa, frustraron ayer un posible veto de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU. Este plan, claramente ilegal, tiene como objetivo crear una estructura de apoyo internacional para el genocidio menos visible, pero aún así retransmitido en directo, de Israel y el régimen subyacente de apartheid y ocupación ilegal. El Comité Nacional Palestino de BDS, la mayor coalición de la sociedad civil palestina, hace un llamado a una amplia presión popular para hacer frente al eje genocida estadounidense-israelí y derrotar su plan coercitivo impuesto por la fuerza y que viola el derecho internacional y los derechos inalienables del pueblo palestino.
Al restablecer el colonialismo occidental tradicional, este plan estadounidense-israelí supone una amenaza para los pueblos de todo el mundo. El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, el presidente de Malasia, Anwar Ibrahim, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, se reunieron en marzo de este año para advertir sobre una versión anterior del plan actual. Afirmaron que “la reciente propuesta del presidente estadounidense Donald Trump de ‘tomar el control’ de Gaza [...] atenta contra los fundamentos mismos del derecho internacional, que la comunidad internacional tiene el deber de defender”. Ya en octubre de 2023, pocos días después del inicio del ataque genocida de Israel en Gaza, el presidente colombiano Gustavo Petro sonó las alarmas sobre un “ascenso del fascismo sin precedente, y por tanto, a la muerte de la democracia y la libertad”, además, advirtió que “Gaza es solo el primer experimento para considerarnos a todos y todas desechables” y para instaurar una era en la que el poder hace la ley. Como muestra de ello Estados Unidos ha estado proyectando su poder imperial en el Caribe y en otros lugares y ha cometido graves violaciones del derecho internacional.
El plan estadounidense para Gaza, impuesto en nombre del gobierno fascista de Israel, inherentemente consolida la ocupación ilegal de Israel y la negación de los derechos de las personas palestinas, en particular el derecho a la autodeterminación, el derecho al retorno y la reparación para las personas refugiadas y el derecho de todos los pueblos indígenas de Palestina a vivir en libertad, justicia e igualdad, sin ocupación ni apartheid.
El plan pretende, entre otras cosas, crear una supuesta “Junta de Paz” y una “Fuerza Internacional de Estabilización” (ISF, por sus siglas en inglés), lo cual establece de hecho un protectorado colonial para salvaguardar la ocupación ilegal de Israel y garantizar que la mayor parte de Gaza siga siendo inhabitable. Afirmando falsamente que “las partes han aceptado” el “Plan Integral” de Trump (párrafo 1, Res. 2803 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas) e ignorando así el abrumador consenso palestino que rechaza la autoridad de cualquier gobierno extranjero controlado por Estados Unidos e Israel en Gaza, la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas pretende legitimar un gobierno títere de Estados Unidos e Israel, en flagrante violación de la prohibición del uso de la fuerza prevista en el artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, así como de la autodeterminación, la soberanía y la integridad territorial de Palestina previstas en los artículos 1(2), 2(4) y 55 de la misma.
El plan estadounidense-israelí, que la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respaldó parcialmente, también viola de manera evidente la Convención sobre el Genocidio, la Convención sobre el Apartheid y los Convenios de Ginebra. Todos estos instrumentos internacionales confieren obligaciones legales estrictas a todos los Estados con respecto a Palestina en virtud de la Orden de Medidas Provisionales de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) del 26 de enero de 2024, la Opinión Consultiva de la CIJ del 19 de julio de 2024 y la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 18 de septiembre de 2024. Por lo tanto, la adopción por parte del Consejo de Seguridad de partes importantes de este plan colonial erosiona aún más su credibilidad, ya de por sí en declive, y contribuye a la destrucción del derecho internacional liderada por Estados Unidos e Israel y a la que han contribuido otras potencias coloniales, como Reino Unido y Alemania.
Del mismo modo que la Resolución 1483 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no logró conferir legitimidad al gobierno títere de Estados Unidos en Irak entre 2003 y 2004, a través de la mal llamada Autoridad Provisional de la Coalición, la reciente resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Gaza debe ser y será considerada inválida en virtud del derecho internacional —sin efecto jurídico alguno— y no afectará los derechos inherentes, inviolables y estipulados por las Naciones Unidas del pueblo palestino.
De este modo, Estados Unidos e Israel esperan lograr lo que su genocidio no ha conseguido hasta ahora: la limpieza étnica de la mayoría de la población palestina de Gaza. También pretende explícitamente suprimir todas las formas de resistencia palestina al régimen colonial de Israel, creando campos de concentración controlados por la ISF e Israel.
La impunidad que este plan otorga a Israel le permite continuar con el hambre, los asesinatos indiscriminados, los desplazamientos forzados y el asfixiante asedio contra nuestro pueblo en Gaza, la mayoría del cual es refugiado de la Nakba de 1948. Al mismo tiempo, afianza su apartheid y limpieza étnica contra la población palestina en la Cisjordania ocupada, permite una escalada de la agresión contra nuestros pueblos árabes hermanos en el Líbano, Siria, Yemen y Qatar y profundiza su complicidad con el genocidio de Sudán.
El movimiento BDS pide que se ejerza presión sobre todos los Estados para que:
- Movilicen la oposición en la Asamblea General de la ONU, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y todos los órganos de la ONU para que se opongan al plan ilegal de Trump-Netanahu y actúen para impedir su aplicación.
- Defiendan el derecho internacional, en particular el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, y para que cumplan con sus obligaciones legales de prevenir, poner fin, abstenerse de reconocer o prestar ayuda o asistencia a los crímenes atroces y actos ilegales de Israel contra el pueblo palestino indígena.
- Responsabilicen a Israel y a sus cómplices por el genocidio y el régimen subyacente de ocupación militar ilegal y apartheid mediante sanciones legales y específicas, comenzando por embargos militares, energéticos y comerciales exhaustivos.
- Se unan y fortalezcan el Grupo de La Haya y todas las demás iniciativas que buscan defender el derecho internacional. oin and strengthen The Hague Group and all other initiatives aimed at upholding international law.
Hacemos un llamado a todas las personas para que intensifiquen las campañas de BDS, redoblen la presión para que se impongan sanciones legales y específicas a nivel mundial y aumenten la presión popular para hacer frente a la normalización palestina y árabe como pilar central para enterrar el plan colonial de Trump y Netanyahu, tal y como se han derrotado muchos proyectos coloniales anteriormente.