Sudan Hero

Desde Palestina hasta Sudán: Nos unimos contra el genocidio, la opresión y la impunidad.

El Comité Nacional Palestino de BDS, la mayor coalición de la sociedad civil palestina, expresa su más profunda solidaridad con nuestro pueblo hermano de Sudán, que enfrenta atrocidades masivas —y lo que puede constituir un genocidio—, desplazamiento forzado y limpieza étnica, especialmente en la ciudad de El Fasher, capital de Darfur del Norte. El movimiento BDS llama a intensificar la presión sobre el régimen autoritario emiratí, profundamente implicado en una alianza militar, de seguridad y política con el régimen israelí genocida, mediante la ampliación del boicot al régimen emiratí y a sus intereses, una estrategia ya adoptada por numerosas organizaciones árabes de la sociedad civil. El BDS también llama a imponer un embargo militar integral a los Emiratos Árabes Unidos, en respuesta a sus crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad contra los pueblos sudanés y yemení, así como a su complicidad en el genocidio israelí contra el pueblo palestino en Gaza.

No es una coincidencia que las mismas tácticas brutales empleadas en el genocidio estadounidense–israelí en Gaza, que ha cobrado decenas de miles de vidas palestinas, se repitan hoy en Sudán. En Sudán, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) —aliadas de los regímenes israelí y emiratí—, así como en menor medida las fuerzas vinculadas al régimen autoritario sudanés, han asesinado a decenas de miles de personas y desplazado a millones. Estos crímenes incluyen el asedio de 18 meses a ciudades como El Fasher, ataques deliberados a hospitales y personal sanitario, el uso del hambre y la hambruna como armas de guerra, ejecuciones sumarias y el ataque sistemático a la población civil.

Los horrores vistos en El Fasher, como los que hemos visto en Gaza durante los últimos dos años, revelan un patrón que consolida un sistema internacional basado en la ley del más fuerte, como no se había visto en décadas. Este sistema sepulta los cimientos del derecho internacional. Lo que ocurre en Sudán también expone la complicidad del complejo militar-industrial —especialmente occidental e israelí— en provocar, sostener y justificar guerras y conflictos armados para maximizar sus beneficios y ganancias geopolíticas. En este contexto, la crisis en Sudán tiene raíces profundas en el legado colonial de la región y en sus manifestaciones regionales, ligadas a ambiciones expansionistas, hegemónicas y coloniales, y refleja además el impacto brutal del capitalismo militarizado sobre los pueblos del Sur Global.

A pesar de todo esto —y luego de haber marginado a las fuerzas civiles y populares que luchan por una transición democrática en Sudán—, el pueblo sudanés sigue resistiendo por un gobierno que represente verdaderamente sus intereses y aspiraciones de democracia, justicia social y económica, y prosperidad.

 

La complicidad de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en el conflicto de Sudán

El régimen despótico de los Emiratos Árabes Unidos ha profundizado su alianza militar y de seguridad con el régimen israelí genocida, incluso durante el genocidio transmitido en vivo en Gaza. Esta alianza, expresada en acuerdos multimillonarios para importar tecnologías de seguridad y armamento israelí, ha sido utilizada también para armar milicias criminales locales en Gaza junto con Israel, con el fin de sembrar el caos e impedir la distribución de ayuda humanitaria. Diversos informes de investigación —entre ellos de The Wall Street Journal, Middle East Eye y Al Jazeera— han demostrado que el régimen emiratí suministró armas y drones a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), lo que les ha permitido cometer crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Las acciones de los EAU pueden acarrear responsabilidad internacional bajo el derecho internacional, por violar la soberanía y la integridad territorial de Sudán, y constituyen además una violación de sus obligaciones en virtud de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (Artículo I) y del Artículo I común a los Convenios de Ginebra. Asimismo, determinados líderes del régimen emiratí podrían ser penalmente responsables —según el derecho penal internacional— por su participación en crímenes graves, incluidos crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y actos potencialmente genocidas. 

Durante una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador de Sudán ante las Naciones Unidas acusó directamente al régimen emiratí de armar milicias en Sudán. Estas acusaciones fueron corroboradas por investigaciones independientes: Amnistía Internacional documentó la violación por parte de los EAU del embargo de armas de la ONU, subrayando el fracaso del organismo internacional en hacer cumplir sus propias resoluciones. La organización de derechos humanos ya había presentado evidencias de que las milicias de las FAR utilizaron vehículos blindados fabricados en los EAU para cometer crímenes de guerra, incluidos ataques étnicamente motivados contra civiles. El régimen emiratí rechazó un informe de un panel de expertos de la ONU, publicado en enero de 2024, que mencionaba “acusaciones creíbles” de que había suministrado equipamiento militar a las milicias FAR a través de una pista de aterrizaje en Chad.

El historial de violaciones atribuido al régimen emiratí no se limita al ámbito sudanés. Incluye también graves abusos de derechos humanos dentro del propio país, como la represión sistemática y la explotación laboral criminal de trabajadoras y trabajadores migrantes, en su mayoría provenientes del sur de Asia, la discriminación estructural contra las mujeres y la persecución violenta de defensoras y defensores de derechos humanos emiratíes. Además, el régimen de los EAU ha sido cómplice de violaciones graves que constituyen crímenes de guerra en Libia y en Yemen, en alianza con el régimen saudí. Todo esto ha ocurrido con la complicidad de potencias occidentales, especialmente Estados Unidos y varios países europeos, y en plena cooperación con el régimen israelí.

 

El papel de Israel en el agravamiento de las atrocidades en Sudán

Detrás de estos crímenes atroces está Israel, principal proveedor de tecnología militar y herramientas de vigilancia a regímenes represivos. Desde la firma de los llamados “Acuerdos de Abraham” en 2020, las exportaciones de armas de Israel a los Estados participantes —incluidos los EAU y Sudán— se incrementaron drásticamente, y alcanzaron alrededor de 1.800 millones de dólares en 2024, es decir, el 12% del total de sus exportaciones militares. Estas ventas incluyen drones y sistemas de vigilancia que fueron probados previamente sobre el pueblo palestino, en el punto más alto del genocidio israelí en curso en Gaza.

En el caso de Sudán, los intereses de Israel van mucho más allá de la normalización política y diplomática. Abarcan dimensiones militares, económicas y estratégicas con profundas implicaciones geopolíticas. Mientras Sudán ha estado sumido durante décadas en divisiones y conflictos armados, los intereses israelíes en el país buscan garantizar su control sobre las rutas aéreas y marítimas del mar Rojo y extender su influencia sobre el Cuerno de África. Esto forma parte de una estrategia más amplia orientada a expandir las ambiciones coloniales israelíes en el mundo árabe y en África.

El exministro de Seguridad israelí Avi Dichter expresó abiertamente este objetivo al afirmar: “Teníamos que debilitar a Sudán y privarlo de la iniciativa de construir un Estado fuerte y unido. Eso es necesario para reforzar y fortalecer la seguridad nacional de Israel. Provocamos y agravamos la crisis de Darfur para impedir que Sudán desarrollara sus capacidades”. Lo que los funcionarios israelíes no declaran públicamente, pero siguen buscando activamente, es debilitar a Egipto, socavar sus recursos de agua y gas y reducir progresivamente el papel del Canal de Suez.

De manera similar a lo que ocurrió en Sudán del Sur —como documentó el Panel de Expertos y Expertas del Consejo de Seguridad de la ONU sobre ese país—, varios informes indican que Israel ha establecido canales de comunicación paralelos con ambas partes del conflicto actual en Sudán: con el jefe de las Fuerzas Armadas, Abdel Fattah al-Burhan, y con el líder de las FAR, Mohamed Hamdan Dagalo (“Hemedti”). Este doble vínculo explica los intentos de Israel de posicionarse como mediador entre ambos bandos, en el marco de su esfuerzo más amplio por consolidar su influencia en la región y controlar los bienes comunes en Sudán.

Numerosos informes de investigación —incluida una investigación conjunta de varios medios— han revelado la participación de empresas israelíes en el suministro de tecnologías de espionaje y vigilancia avanzada a las milicias de las FAR. Según esa investigación, esta tecnología fue contrabandeada desde Jartum hacia los bastiones de las FAR en Darfur, otorgando a la milicia mayor capacidad para rastrear oponentes y monitorear comunicaciones en el terreno. La investigación también señaló que esta operación forma parte de una red más amplia que vincula a empresas israelíes de software espía con centros operativos en Grecia, Chipre y los EAU, que comercializan tecnologías de intrusión digital a regímenes represivos en África y el mundo árabe, incluido Sudán.

 

Unamos nuestras luchas y aumentemos la presión popular para exigir rendición de cuentas a Israel, a su socio emiratí, y a los gobiernos, instituciones y empresas que facilitan sus crímenes.

Nuestra lucha palestina por la liberación está profundamente conectada con las luchas de los pueblos de la región por la justicia social y económica y por una verdadera independencia, así como con la lucha global contra el capitalismo militarizado, la explotación imperial, el racismo y la discriminación racial. Mientras Israel continúa su genocidio contra nuestro pueblo en la Franja de Gaza, las exportaciones militares israelíes superaron los 14.700 millones de dólares en 2024. Decenas de empresas armamentísticas israelíes participaron en la feria IDEX 2025 en Abu Dabi, demostrando que la alianza militar entre Israel y los EAU se ha convertido en una fuente directa de armamento para la represión en toda la región. Esta alianza también funciona como un centro de exportación de la doctrina militar y de seguridad israelí, perfeccionada a través de la opresión del pueblo palestino, para reprimir comunidades desde África hasta Asia del Sur y América Latina.

El Comité Nacional Palestino de BDS (BNC) reitera su llamado a boicotear al régimen emiratí y a todas sus empresas, instituciones y entidades cómplices de la alianza estratégica y de seguridad con el régimen israelí, incluidas las relacionadas con el turismo.

El BNC reafirma su llamado a los movimientos sociales y a las personas de conciencia de todo el mundo a presionar a sus gobiernos para imponer sanciones militares estrictas a todos los Estados que cometen crímenes de guerra y de lesa humanidad, en particular los regímenes de Israel y de los Emiratos Árabes Unidos.

Asimismo, el BNC insta a aumentar la presión sobre los principales fabricantes de armas, especialmente las empresas israelíes y estadounidenses, que se benefician de los crímenes cometidos por el régimen emiratí contra el pueblo sudanés y por el régimen israelí contra el pueblo palestino.

 

De Palestina a Sudán, de Yemen al Congo, nuestra lucha es una sola.
Contra el colonialismo, la opresión, el racismo y la impunidad. Nos une el dolor compartido, la resistencia colectiva y el anhelo de libertad, dignidad y verdadera justicia.